Hong Kong China blues

Las ciudades nuevas son como las relaciones nuevas. Los primeros meses estás locamente enamorado de ellas. Todo es nuevo y especial, las cosas que descubres cada día, la forma en la que te sonríen. Guau, esas primeras miradas…

Pero poco a poco te acostumbras a su mirada, y empieza a asomar la rutina. Con la rutina te empiezas a dar cuenta de cosas que estaban siempre allí, pero que tu enamoramiento incondicional te impedía ver. Y empiezas a comparar, a investigar el por qué de las cosas que no te gustan.

Casi un año en Hong Kong, diferente de China pero igual. Un año descubriendo cosas, comparando a la ciudad con el país al que pertenece, pero del que quiere ser independiente. Observando las diferencias, con ellos y entre ellos. Mil quinientos millones de personas distintas y yo. Analizo sus diferencias, comparo con mi propia cultura, y la diferencia que mas me sorprende es la humanidad.

Porque veo dos caras.

Por un lado más humanidad que nosotros, haciendo en público cosas que nosotros no nos atrevemos a hacer, pero que todos entendemos que son necesidades vitales: Ancianos muy ancianos haciendo alegremente una coreografia de aerobic en un parque, un hombre de negocios trajeado en el metro haciendo flexiones y estiramientos entre estación y estación, demasiada gente que en cada esquina te sorprende con ruidos guturales, gente que escupe en la calle, gente que da empujones para abrirse paso.
No podemos retirarnos a un espacio privado para hacer estas cosas, porque no hay espacios privados para tantos.
Y que conste que no me opongo a ello, se que es algo cultural, espontáneo, eficiente.

Pero toda esa eficiencia se lleva al extremo, hasta que dinamita las bases de los rasgos humanos que nosotros consideramos fundamentales en la sociedad: algo tan sencillo como mirar a los ojos de la gente que te rodea. Sonreir. Empatizar con los demas e intentar hacerles sentir bien.

Pues no. Tanto en China como en Hong Kong eso se espera en los circulos familiares y de amigos cercanos, pero no queda tiempo para empatizar con el resto de la gente. El resto de la gente, los desconocidos con los que te chocas caminando por la calle o con los que luchas para entrar en el metro son solo una amenaza para la harmonía de tu núcleo familiar.

La educación cívica es una asignatura pendiente en Hong Kong y China, los hijos están demasiado ocupados aprendiendo a tocar el piano en sus ratos libres y los padres están demasiado ocupados todo el día trabajando para poder dar a sus hijos una educación superior, y no pueden darles una educación básica que quizás sea más necesaria para su futuro como ciudadanos de este planeta.

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